La basura es un elemento omnipresente en el paisaje urbano de Cuba. Las denuncias ciudadanas sobre este tema comenzaron hace cuatro décadas, en La Habana, por el incremento de micro-vertederos en el centro de la ciudad, pero hoy es un problema que afecta a todo el país.
Un fragmento de un Noticiero del ICAIC, de 1980, muestra las denuncias de la población sobre esta problemática en La Habana. Los vecinos se culpaban unos a otros, en segundo lugar responsabilizaban al CDR o al delegado de circunscripción. Sin embargo, el verdadero responsable de recoger los desechos nunca salía a la luz.
En las décadas posteriores al triunfo de la Revolución, el ordenamiento territorial socialista eliminó el uso comercial de las esquinas, dejando estos espacios como puntos vacíos, carentes de interacción social y poco a poco se llenaron de escombros y desperdicios.
La gestión estatal de la recogida de basura lleva décadas siendo deficiente, con camiones en mal estado, falta de combustible y equipos obsoletos han perpetuado esta crisis.
La situación ha llegado al punto de alterar el arbolado urbano, lo han hecho desaparecer en muchas zonas, para que la basura ocupe su lugar, acumulándose tranquilamente en los parterres.
Los basureros urbanos llegan a ser tan grandes en Cuba que propician epidemias. Además, existe en las comunidades una lógica proliferación de vectores como ratas, cucarachas y mosquitos, en cualquier horario del día.
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La basura se ha convertido en un caos estructural de los paisajes cubanos y ya no es un problema exclusivo de la capital, aunque La Habana lidera las estadísticas de insalubridad, con barrios aislados por montañas de desechos en sus calles.
Este panorama desolador se debe únicamente a la responsabilidad del Estado, por décadas de mala gestión de los residuos sólidos y su abandono en funciones claves de salubridad y urbanismo.
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