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Con el tono polarizante e irónico que caracteriza a los dirigentes cubanos, el presidente del Tribunal Supremo de Cuba, Rubén Remigio Ferro, dijo que más de un millón de cubanos participaron en la denominada "marcha del pueblo combatiente", realizada el pasado 20 de diciembre.
“¡Cómo no vamos a sentir orgullo de ser cubanos! ¿Quieres hablar de democracia? ¿Dime algo de esta marcha de más de un millón de gente? ¿Obligada? ¡No jodas!”, escribió el funcionario cubano en la red social X.
Su publicación recibió la crítica de muchos cubanos que en los comentarios expresaron su criterio por el abultado número que las autoridades estatales cubanas dan de asistencia a ese evento.
“¿Y qué resolvieron esos cuatro carneros marchando? Porque todo el combustible de los ómnibus esos nos los quitó a los pueblitos del interior de Cuba, a los que nos dieron 18h de apagón ese día”, manifestó un internauta.
Otra persona le cuestionó: “¿Estás seguro que eran más de un millón de gente? Y si queremos hablar de democracia, a menos que tú creas que democracia es acarrear gente en guaguas para participar en una marcha en la que no había un millón de gente”.
“Democracia: si faltabas te sancionaban en tu trabajo con varios días quitándote el dinero y siendo estudiante, acta disciplinaria. Todo muy democrático”, apuntó un internauta.
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Según un análisis publicado por CiberCuba, las imágenes y datos técnicos de la marcha indican que la asistencia real fue significativamente menor a la cifra oficial. Se estima que participaron entre 30,000 y 50,000 personas, muy lejos de los más de 500,000 reportados por el Gobierno cubano.
Además, se ha denunciado que muchas de las personas que asistieron fueron obligadas a participar a través de sus centros laborales o educativos, un método recurrente en actos de este tipo.
Imágenes difundidas expusieron cómo algunos trabajadores fueron transportados en camiones utilizados para otras funciones hacia el lugar de la marcha, lo que pone en evidencia las condiciones precarias en las que se movilizó a buena parte de los asistentes.
También se han señalado contradicciones en los discursos oficiales y en la narrativa gubernamental, calificando el evento como parte de una estrategia propagandística para distraer la atención de los problemas económicos y sociales que enfrenta el país.
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