Las declaraciones del gobierno cubano en una reciente emisión de la Mesa Redonda dedicada a “hablar del reparto” han generado reacciones inmediatas en redes sociales, entre ellas una crítica contundente de la reconocida investigadora musical Rosa Marquetti.
La cubana publicó en su perfil de Facebook un extenso análisis sobre lo que considera una operación cultural oportunista por parte del régimen.
“El reparto es la banda sonora de la debacle, el desbarajuste nacional, la crisis de valores”, afirmó Marquetti, en una crítica que va más allá de la expresión musical y apunta directamente a las autoridades por intentar legitimar este fenómeno desde los medios oficiales.

Marquetti dejó claro que no responsabiliza a los músicos del reparto, sino a las condiciones sociales y a la actuación del propio gobierno:
“Siempre la música y las artes han sido el reflejo de sus tiempos. A quien no ha conocido otra cosa que la miseria material y espiritual, no se le puede pedir que no reproduzca el medio donde ha vivido”.
Según Marquetti, el régimen cubano no solo ha permitido la expansión del reparto, sino que ahora lo utiliza como estrategia económica y cultural, luego de haber sumido al país en una profunda crisis:
“Primero marginalizan a todo un país llevándolo a la miseria material y espiritual y después quieren convertir esa miseria en activo económico explotable”.
La crítica también señala un intento de blanquear y comercializar el reparto, seleccionando artistas que encajen con una imagen más controlada:
“Lo primero entonces: blanquear el reparto, que tanto mulato y negro cuestionado con problemas con la justicia ‘no viste’. Mejor promover y apoyar a un blanquito dócil, bonitillo y políticamente correcto”.
Marquetti no ahorró palabras al referirse a lo que considera una grave contradicción ideológica: “Hay un gobierno que proclamó entre sus principios irrenunciables la lucha por la justicia social y la elevación de la cultura popular. En su acostumbrada incoherencia, ahora ha elegido un estilo musical y ha roto lanzas en su defensa”.
La publicación ha circulado ampliamente entre músicos, melómanos y usuarios en redes sociales, muchos de los cuales comparten la preocupación por el uso político del fenómeno musical como parte de una narrativa oficial desconectada de las raíces reales de la cultura cubana.
“Ellos mismos, desde la escasa hondura cultural y de pensamiento que demuestran, son reparteros ideológicos”, sentenció la autora, dejando clara su postura ante lo que considera una instrumentalización de la marginalidad como capital cultural.
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