El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, descartó este sábado que Washington hubiera organizado o coordinado la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil, aunque confirmó que el presidente Donald Trump autorizó su ingreso al país cuando el senador llegó a un puerto de entrada.
Rubio realizó las declaraciones durante una rueda de prensa al margen de la reunión de cancilleres del G20 celebrada en Atlanta, Georgia. «No participamos en ninguno de los preparativos que hizo para salir», afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
El secretario de Estado precisó que Bolsonaro «ya disponía de un visado» y que Trump «tomó la decisión de permitirle entrar en el país» mediante un permiso temporal.
Sin embargo, fue enfático en trazar una línea entre esa autorización y cualquier participación en la logística del traslado: «Al menos el Gobierno de EE.UU. no participó directamente en ninguno de los movimientos que se realizaron».
La fuga de Bolsonaro se produjo días después de que perdiera el balotaje presidencial del 25 de octubre frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien obtuvo el 51,79% de los votos —unos 64,2 millones— contra el 48,21% del candidato del Partido Liberal.
El magistrado Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal de Brasil, había ordenado la entrega de los pasaportes de Bolsonaro y le había prohibido abandonar el territorio brasileño en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero.
Pese a esa restricción, el senador cruzó por tierra hacia Argentina el 27 de octubre por el Puente Internacional Tancredo Neves, en Misiones, junto a su esposa Fernanda y sus dos hijas.
Desde Argentina, la familia abordó un vuelo privado desde Puerto Iguazú con escala en Guayaquil, Ecuador, antes de aterrizar en el aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, en Miami. La Policía Federal de Brasil afirmó que no cuenta con registro oficial de la salida del legislador.
El episodio desató una crisis diplomática regional. Brasil convocó a la encargada de negocios argentina, María Emilia Cortés, al Ministerio de Relaciones Exteriores para pedir explicaciones sobre una posible participación de funcionarios del gobierno de Javier Milei en el traslado.
El jefe de Gabinete argentino, Diego Santilli, respondió que Bolsonaro ingresó al país sin alertas internacionales ni restricciones en los sistemas migratorios.
En Washington, 25 congresistas demócratas enviaron una carta a Rubio con 15 preguntas sobre la emisión de visados, la coordinación entre agencias y la posible asistencia logística al político brasileño.
Desde Miami, Bolsonaro reapareció en una transmisión de Instagram de unos veinte minutos para denunciar persecución política y cuestionar los resultados del balotaje.
Agradeció los cerca de 60 millones de votos recibidos y anunció su intención de volver a competir por la presidencia antes de 2030. «Hubo varios goles marcados con la mano que mi oponente anotó y que no fueron anulados por el VAR. Jugó completamente al margen de las reglas de la ley electoral», sostuvo.
Rubio, por su parte, evitó pronunciarse sobre esas acusaciones y centró su mensaje en deslindar a Washington de cualquier responsabilidad en la operación. Según informó la agencia de noticias AP, el canciller brasileño Mauro Vieira y Rubio acordaron en Atlanta reunirse antes de la cumbre de líderes del G20 prevista en Miami para diciembre de 2026, lo que podría convertirse en el primer encuentro bilateral formal para abordar la tensión generada por el caso.
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